No hay marcha atrás, no mires abajo, solo salta la barandilla que te separa del abismo. Eso es… un paso menos. Ahora date la vuelta y enfréntate a tu miedo, dale la cara y deja de darle la espalda. Agárrate a la barandilla con las palmas hacia atrás y respira. Respira profundo… no mires abajo. Recuerda que hay una línea de vida, una cuerda que te ata a la vida y nada malo puede pasarte.
Tu corazón va a mil y te repites la cuenta atrás mil veces antes de la definitiva. Se te seca la boca… miras hacia abajo. Estas a un paso de conseguirlo, pero nunca antes fuiste capaz si quiera de saltar la baranda. Ahora estás del otro lado y la pregunta que te ha traído hasta aquí vuelve a aparecer: ¿Qué harías si no tuvieses miedo?
Tu corazón sigue palpitando con una fuerza increíble, te sientes al borde de la muerte, pero más vivo que nunca. Solo tienes que soltarte y saltar hacia adelante… sabes que no va a pasar nada malo. Tus amigos te están animando a hacerlo: ¡Vamos, salta!...
Estás decidido, cierras los ojos, todo se para un segundo y en el siguiente abres los ojos y das el salto… silencio… después un grito… tu grito. Con el salen todas tus miedos y la adrenalina recorre tus venas con una fuerza imparable. Eres libre. Lo has hecho. Has vencido, otra vez.
Mientras te balanceas suspendido de una simple cuerda
piensas: ¿Por qué no? ¿POR QUÉ NOOOO? y vuelves a gritar... y lloras de alegría.
Tenías miedo a morir… y sigues vivo… estás viviendo.

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