Empezaré poniendo en situación al lector que no me conozca. Soy de Cortegana, pueblo de la Sierra de Huelva, donde se ha llevado a cabo un cribado debido a la alta incidencia de casos Covid-19. Fui el único seleccionado de mi familia de 5 miembros adultos y 4 menores: padre, madre, hermanas y sobrinos/as. Esto me sorprendió porque soy una persona que vive sola, en el campo y que desde Marzo del año pasado, he pisado el pueblo para lo imprescindible. Además de que hace relativamente poco, debido a una jaqueca muy fuerte, tuve que acudir a urgencias y antes de atenderme, se me hizo una PCR que dio negativo. ¿Por qué me sorprende que me seleccionasen a mí? Pues aparte de por mis circunstancias personales, porque en mi familia está mi padre que es mayor y mi hermana y mi madre, que trabajan con personas mayores. A toro pasado, me alegro de que no citasen a mi padre, porque lo que me encontré fue dantesco… pero bueno, vamos a empezar por el principio.
CONVOCATORIA A PCR
Para informarte de que habías sido seleccionado y tenías que hacerte la PCR, no creáis que os llamaban por teléfono, NO. Te mandan un mensaje de texto, con tu DNI… Si, sí; tal como lo lees. Yo, que tengo 36 años, ya le hecho poca cuenta al móvil… imaginaos a los mensajes e imaginaos una persona mayor. Por hablar de mi caso, mi padre ha llegado a tener el móvil sin memoria de los SMS que tenía sin leer. Digo yo, que una llamadita, no estaría mal para estas cosas porque, además, si tus cifras centrales coinciden con los de algún familiar (que se ha dado el caso), no sabes a quien están convocando; ya que ni siquiera se molestan en poner apellidos al menos.
Luego están los casos de los números mal. ¿Cuánta gente tiene su número actualizado en el SAS? Porque yo no. Y el mensaje le llega a mi madre. ¿Qué es lo primero que piensa mi madre? Que la convocatoria se refiere a ella y es, unas horas antes, cuando descubre que es a mí a quien convocan. Otro caso que, con una llamada de teléfono, no hubiese ocurrido.
ESPERA Y TURNOS
Cuando me convocan, me imagino un lugar en el que habríamos no más de 6 personas, 10 tirando por alto; ya que en el SMS te advierten no llegar con más de 5 minutos de antelación para no acumular gente y poder llevar a cabo las recomendación de salud. Haciendo caso, me persono en el lugar, el polideportivo del pueblo (que por fin se usa para algo y que pude comprobar por los charquitos, que se sigue mojando como un canasto) con solo 3 minutos de antelación.
Me tengo que imaginar, porque veo a una persona llegar, por donde tengo que entrar, porque las personas de protección civil estaban algo dispersas. No obstante, le pregunto a uno de ellos y me indica que es por donde yo había imaginado. Fuera había 3 personas de protección civil. En el trayecto veo varias personas de cruz roja y al entrar en el pabellón, me recepciona una mujer de protección civil que me dice dónde colocarme para la espera.
En cuanto entro alucino pepinillos porque hay MUCHA GENTE allí metida… es la primera vez desde MARZO DE 2020 que comparto habitáculo con tantas personas (y eso que mi profesión es camarero) Y nada de geles ni historias, como si estamos obligados a tener en diversos sectores.
Algunos me dirán: pero bueno, estando separados y con la mascarilla, ¿Qué problema hay? Pues eso pensaba yo en un principio; pero la cultura ha estado parada por este motivo tanto tiempo… pues me sorprende. Y luego entra otro factor: la estupidez humana. Factor muy decisivo en esta pandemia, vital diría yo. Porque si, todos sabemos que el principal motivo que nos ha llevado a esta situación es la afirmación: “tontos hay en todos sitios y aquí donde más”. Todo el mundo tenía su mascarilla, pero no faltaba la famosa mascarilla de barbilla o los típicos grupitos de charla, donde se pudo ver hasta 3 personas, a menos de un metro cada una. Y lo curioso, es que nadie hizo nada para evitar esto.
En el tiempo que estuve esperando, pude oír como dos personas que estaban detrás de mí, comentaban que los había citado 20 minutos antes que a mí y que esto no empezaba. Ahí pude hacer una estimación de que había citado entre 20 y 30 personas cada 15 o 20 minutos. Con esta conclusión, vuelvo a recalcar que es basada en mi observación durante el proceso, se da el caso de que estábamos en un mismo pabellón casi 90 personas CONTADAS. Digo casi, por si pudiera haberme equivocado en una o dos. No sé vosotros, pero a mí me sorprende mucho que sabiendo que la gente no respeta, teniendo esa premisa, se convoque y se encierre a tanta gente y no se “vigile” que se está cumpliendo lo establecido. Aunque bueno, eso también es una constante dentro de la pandemia: mucha limitación y mucha ley, pero nadie vigila su cumplimiento y “tontos hay en todos lados”.
Otra cosa que no entenderé es que, en un lugar donde hay una grada, la gente tenga que esperar de pie. Y me explico. No es por pereza, yo por mi trabajo estoy acostumbrado a pasar muchas horas de pie. Pero allí había personas de todas las edades y en todos los estados. Una mujer embarazada, después de largo rato de espera, se dirigió a la grada y se sentó porque no podía más. Creo que una opción acertada hubiese sido sentar a las personas y de esta forma, no se van a mover de su sitio, ya que si te pones de pie, es demasiado evidente que algo vas a hacer y la gente se coaccionaría un poco más a comportarse debidamente.
El tiempo de espera para la prueba fue de 20-25 minutos, y cuando comenzaron las pruebas, en el pabellón se metió a más gente que al principio. Y si durante la espera la estampa era como os cuento, imaginaos cuando comienzan a llamar (en grupos de 4) y comienza a moverse la fila… lo que eran 3 filas, acaba en 2; los grupos de charla se aproximan… un caos y nadie al mando.
PRUEBA PCR
Es mi turno y tengo que avanzar junto a otras 4 personas por un circuito, que rodea la zona de pruebas. En este circuito, tengo que pasar al lado de 4 sanitarios (1 de ellos sin mascarilla) que charlan aireadamente en el exterior. Un miembro de protección civil me toma la temperatura y otro me indica por donde acceder a la prueba. Me preguntan mi número de teléfono y le digo que mi número de teléfono no es, le indico mi apellido a gritos porque no se entera de nada. Todos me miran y yo, encogiendo mis hombros, doy a entender que no me ha quedado más remedio que gritar. Me facilita una pegatina, me siento, bastoncillo por la nariz hasta la campanilla y a casa porque, si eres positivo hasta dentro de minutos no te llamaran. Si eres negativo, como fue mi caso… ya te avisaremos el día siguiente si acaso. ¿Cómo? Con un mensajito de texto… “ome por favó”.
No pasaron ni 10 minutos, cuando la estupidez humana volvió a resurgir, ya que de camino a casa puedo observar a 4 de las primeras personas que se realizaron la prueba, tomando café y fumando tranquilamente en la puerta de un bar, como si esto de la pandemia no fuese con ellos.
Resumiendo, no quiero decir que las cosas se hiciesen mal… pero se podían hacer mejor, a mi forma de entender. Y no estoy culpando al Ayuntamiento de Cortegana, que tan solo tiene su parte. Creo que el principal error lo comete el Servicio Andaluz de Salud, desde la convocatoria hasta la comunicación del resultado. Y luego estamos los demás, que no me extrañaría que alguno fuese sano y pillara el bicho allí. Deberíamos de tomarnos en serio esto de una puta vez… que vamos para un año y si seguimos haciendo el gilipollas, nos van a dar el antifaz de oro del Covid-19.

Mucha razón Casimiro. Pero el problema que hay en la sociedad es que han adoptado esta problemática como cotidiano y han empezado a convivir con ello como si nada pasara. La "normalización" que desde el estatus político estatal nos hacen ver con sus decisiones intermitentes y poco resolutivas. Es una lástima que la sociedad no tenga personalidad y responsabilidad para concebir esta situación como crítica y poner, de una vez, sensatez. Si todos hubiéramos puesto de nuestra parte, ya estaríamos en una situación muy favorable y viendo el final. Pero por desgracia somos una sociedad desagradecida y egoísta. Y hasta que eso no cambie no mejoraremos como sociedad-persona.
ResponderEliminarPor cierto, me gustan tus aportaciones constructivas amigo.
Muchisimas gracias por tu comentario, Raul. Un abrazo.
EliminarTotalmente de acuerdo con Raúl, ni con esto estamos aprendiendo a que todo se consigue con la unión y la empatía. Por peores cosas se han hecho revoluciones, pero estamos normalizando y acomodándonos demasiado. A cuidarse guapis! 🥰🥰
ResponderEliminarPues sí amigo Casi, ya lo dijo Einstein en su famosa frase. Menudo mundo el que se está fraguando a pasos agigantados, donde el personal parece cada día más estúpido, el sentido común se ha perdido y el respeto a los demás es una quimera. En vez de facilitar las cosas y teniendo en cuenta la gravedad de la situación, seguimos con los errores de siempre como si esto se tratara de un simple trámite administrativo. Esto se está convirtiendo en un bucle donde se mezcla la muerte, la ineptitud, la insolidaridad, la mentira y los intereses, y como es natural de aquí no saldrá nada bueno, de hecho cada vez peor y sin horizonte esperanzador, por mucho que la vacuna supuestamente sea efectiva. Un abrazo.
ResponderEliminarEs de vergüenza como esta funcionando este país de pandereta. Nos están llevando a una ruina por no hacer las cosas bien desde el min. 1 de esta puta pandemia.
ResponderEliminarY ya lo que falta es la mala gestión que hay con el sistema a la hora de hacer pruebas pcr. Somos ya el peor país a la hora de contagiados...y ya el colmo es que le revendemos dosis de vacunas, que ya por cierto no hay, a Andorra. Un país rico que es un paraíso fiscal a los cuales los niñatos estos llamados youtuber se van para evadir los impuestos de su propio país.
Un ministro de sanidad que no tiene ni puta idea de la sanidad española, que ahora quiere ser presidente de Cataluña, teniendo ahora los dos cargos= 2 pagas. Y claro que no dimita ni busquen a otro, por que si en febrero no sale como presidente pues que siga con su cargo, el cual está demostrando que es un inepto....y así podría escribir otro blog como mi hermano Casi.
En fin la ruina para el pobre y los putos políticos a vivir del cuento. Vergüenza me da de mi país y de los que me representan. Ahí lo dejo