Un denominador común de mis días de existencia, desde que tengo uso de razón ha sido la sensación perpetua de estar perdido. El nulo poder de decisión. No tener la capacidad de discernir con claridad qué camino escoger. Siempre, siempre, siempre me persigue la sensación de haber errado en la decisión… sea cual sea el ámbito de la misma. Pero es que últimamente me encuentro en una corriente que arrastro hace meses (demasiados) y que me causa una ansiedad y un malestar superlativo.
Estoy tan perdido, que no logro vislumbrar mi camino, por más que busco. Tras de mi los cadáveres de los mejores momentos de mi vida, desangrándose. En el presente el dolor punzante y continuado de la soledad. Delante de mí, la más absoluta oscuridad. No tengo metas que alcanzar, no tengo esperanza… no tengo un plan. Y eso me inquieta. Me gusta tenerlo todo controlado, lo que puede y lo que no puede pasar; pensar posibles alternativas y buscar siempre la salida… pero parece que esa parte de mi cerebro ha dejado de trabajar y me dominan los sentidos más primitivos: comer, dormir, trabajar… y no siempre se dan todos.
Necesito una guía, una ayuda, un faro… Tengo la sensación de haberlo tenido en mi posesión y haberlo dejado atrás. Desgraciadamente no hay viajes en el tiempo, ni tenemos la posibilidad siempre de enmendar nuestros errores. Lo que está claro es que me gustaría volver a cerrar los ojos enterrando mis pies en aquella arena y al abrirlos, encontrarme justo en aquel momento, en aquel inicio… porque entonces tenía claro mi camino, aunque ni siquiera lo supiera.
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