Hoy, 16 de agosto de 2021, te he vuelto a ver y algo dentro de mí se ha roto. No ha sido a ti directamente, aunque también… he conocido el fruto de tu amor, casi 7 años después de haber nacido. Aunque reconozco haber seguido su crecimiento por vuestras fotos de perfil y demás. Pero conocerlo ha sido… espectacular. No podía dejar de mirarlo y tan solo te veía a ti.
Como siempre me pasa… no recuerdo el cómo ni el porqué, pero lo cierto es que nos distanciamos y nunca más supe de ti. No porque no haya querido hacerlo… sino porque creo que en eso nos parecemos mucho: a cabezones y a orgullo, no nos gana nadie. Bueno, diré nos parecíamos, porque ya ni tú ni yo, somos la misma persona. Eras mi apoyo y confidente, porque pasábamos juntos casi las 24 horas del día y casi los 365 días del año. Compartíamos todo: aficiones, vicios, momentos, secretos… Todo en lo más extenso de la palabra. Incluso familia, ya que para mí tu tío y tus abuelos, eran también los míos.
Y hoy no he podido evitar acordarme de absolutamente todo cuando le he visto entrar y he visto a mi amigo (literal), porque es exactamente igual que tú. Y no he podido evitar fijarme en cada detalle de los que reconocería en ti. Sus remolinos en el pelo, sus dedos, sus manos, sus ojos, su nariz… incluso sus andares, sus gestos… te he visto cuando jugábamos juntos por las calles de nuestro barrio. Cuando iba a recogerte cada mañana para ir al instituto. Cuando jugábamos a la consola. Cuando escondíamos el tabaco en el cuarto. Cuando poníamos el equipo de música de tu padre e intentábamos no mover nada para que no se diese cuenta. Aquellas peleas fingidas como si fuésemos profesionales de la lucha libre. Nuestras tardes de escuela deportiva, jugando al baloncesto. Nuestras acampadas. Nuestras salidas nocturnas. Recordé toda mi infancia viendo la infancia que habías creado y debo admitir que tuve que hacerme el fuerte para no llorar como un niño en más de un momento.
He tenido y tengo, muy pocos amigos. Pero mi AMIGO eras tú y eso nunca se olvida. Y no pretendo nada, ni busco nada. Solo dar las gracias a tu mujer por ponerlo ante mí y a tu tío, porque es un cabrón y me conoce como nadie y sabe que esto estaba dentro de mí y quiso ayudarme a sacarlo. Como siempre sin explicaciones, sin permiso y sin vergüenza… ya sabemos como es él. Pero con un corazón que no le cabe en el pecho, por muy grande que tu tío sea.
Ha sido un placer verte, verlo, verles… y ha sido espectacular que se acercase a darme un beso. Enhorabuena por todo lo que tienes y por saber elegir cuando tuviste que hacerlo.

Me ha pellizcado tambien el corazón,y es que es una de las cosas mas duras de aguantar de la edad adulta,ver como se resquebrajan amistades forjadas a fuego desde la infancia.Los que se creen sabios lo achacan a la falta de tiempo,la distancia,y sobretodo,al cambio personal...como si normalizandolo doliese menos.Al menos esta historia muestra que hay esperanza en las nuevas generaciones,ellas pueden acercar y achuchar para que se den la mano y abracen a amigos que se perdieron en el pasado.
ResponderEliminar